Skip to main content Scroll Top

Maia Chacra

Viajar a Bogotá con un objetivo gastronómico tan claro como sentarse en El Chato cambia la forma de mirar el destino. No es solo ir a comer. Es, además, ir a entender por qué la cocina colombiana hoy está donde está. Y por qué el restaurante de Álvaro Clavijo llegó, después de años de consistencia, al número uno de Latinoamérica.